Logotipo Revista Prometeo

Historia de un rompimiento

María Eugenia Espinosa
23 de Febrero de 2015

Aquí estamos sentados frente a frente. Yo no te conozco ni tú a mí. Llegaste aquí por razones que prefieres ignorar, al menos por el momento, y será mi trabajo ayudarte a verlas. Es la primera vez que nuestras miradas se cruzan, o la segunda quizá, y tú ya confías en mí. Y yo confío en ti; así sin conocernos.

Las palabras comienzan a surgir, y con ellas los sentimientos, las emociones, los recuerdo. Algunos dolorosos, casi todos. Tú intentas mantenerte en pie, mientras yo te invito a dejar de pelear. Poco a poco, sin darte cuenta, abres el velo y me invitas a pasar a ese mundo maravilloso de tu subjetividad, de tu esencia. ¡Cómo quisiera atrapar esta sensación de maravilla ante tu persona recién descubierta!

Pero tú no te ves así. Rechazas tu sombra que comienza a develarse. Repudias tu pasado, tus ancestros. Reniegas de todo aquello que te dio forma. Ojalá pudieras verte como yo te veo a ti. Resulta maravilloso ese estado de compresión extrema con el que te miro, embelesada ante tu ser. Resulta casi indómita para mí esta necesidad de acunarte, de contenerte.

Me preocupa si subjetividad, entrometiéndose entre nosotros dos, y termino aceptando que, sin ella, no puedo estar contigo. No soy aséptica para tratarte, ni para tocarte. Tu subjetividad y la mía se encuentran para mostrarme que la objetividad no existe en las interacciones humanas, y mucho menos en las terapéuticas.

Conforme avanzan los días, las semanas, los meses, soy testigo de un milagro más de la naturaleza humana. Puedo verte surgir de ti mismo, unas veces poco a poco, otras a trompicones, algunas más sin darte cuenta y, otras, como el resultado de concienzudos análisis e inmersiones afectivas. Este proceso de crecer y convertirte en la persona que deseas ser me maravilla.

No te quiero engañar: en algunas ocasiones me he sentido conmovida, triste, alegre, enojada contigo. No sé si sea correcto o no, pero estar conectada contigo me ha permitido conocerme a mí también. Y además me ha impulsado a salir del entorno tú-yo para conectarme con la gente que te rodea y comprenderla también. Tú has sido el vínculo para conocer tu mundo y te lo agradezco, no sabes cuánto.

Ahora estás listo para irte. Has aprendido a volar con alas propias y decides que nuestra relación termine en este momento. Me siento orgullosa, agradecida, feliz por tu decisión. Desde el día que llegaste esperaba este momento en que nuestros caminos se separarían y nos dejaran la experiencia de habernos conocido y enriquecido mutuamente. Me encantará en un tiempo encontrarte casualmente y poderte saludar, saber de ti. Y si eso no sucede, me confortaré con el recuerdo de esta experiencia de vida que me enriquece cada vez que sucede.