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Emociones, Sentimientos y Calidad de Vida

Gina Díaz Barreiro
(27 Febrero 15)

La necesidad de enfrentar un mundo cambiante y parcialmente impredecible hace necesario que cualquier ser humano con motivos múltiples y capacidades limitadas, requiera el desarrollo de emociones para sobrevivir. Las emociones son estados que se originan por una activación fisiológica y que provocan un cambio de expresión facial y de postura, además de generar procesos mentales subjetivos que denominamos sentimientos (la experiencia personal de las emociones). En otras palabras, el sentimiento es la etiqueta que la persona pone a la emoción. En el momento que tomamos conciencia de las sensaciones (alteraciones) de nuestro cuerpo al recibir un estímulo, la emoción se convierte en sentimiento. Es decir, en el momento que notamos que nuestro organismo sufre una alteración (como mariposas en el estómago…) y somos conscientes de ello, etiquetamos lo que estamos sintiendo (la emoción) con un sello específico: miedo, enojo, sorpresa, placer, alegría, satisfacción, angustia, etcétera. Sin embargo, los sentimientos pueden persistir en ausencia de estímulos externos, cuando son generados por nosotros mismos. Por ello, varios autores definen los sentimientos como emociones voluntarias y, consideran sentimiento y emoción como conceptos interrelacionados, de modo que el concepto emoción engloba al sentimiento. A partir de lo anterior, podemos decir que las emociones son mecanismos que permiten a la mente describir nuestra cosmovisión, capacitándonos para interactuar con las personas y las cosas en el universo. Nuestro consciente no siempre está correctamente nutrido de información como para poder describir nuestra cosmovisión mediante el lenguaje o los símbolos. La percepción emocional del entorno nos nutre de información para que adecuadamente la elevemos al consciente y se inicie el proceso y administración de los recursos disponibles. Este uso personal que hacemos de los recursos nos ofrece una visión única sobre el mundo que nos rodea. Las emociones son fenómenos psicofisiológicos que representan modos eficaces de adaptación a ciertos cambios de las demandas ambientales.

Psicológicamente, las emociones alteran la atención, hacen subir de rango ciertas conductas en la jerarquía de respuestas del individuo y activan redes asociativas relevantes en la memoria.

Fisiológicamente, las emociones alteran la atención, hacen subir de rango ciertas conductas en la jerarquía de respuestas del individuo y activan redes asociativas relevantes en la memoria.

Fisiológicamente, las emociones organizan rápidamente las respuestas de distintos sistemas biológicos, incluyendo expresiones faciales, músculos, voz, actividad del sistema nervioso y sistema endocrino, a fin de establecer un medio interno óptimo para el comportamiento más efectivo.

Conductualmente, las emociones sirven para establecer nuestra posición con respecto a nuestro entorno, impulsándonos hacia ciertas personas, objetos, acciones, ideas y alejándonos de otras. Las emociones actúan también como depósito de influencias innatas y aprendidas, al poseer ciertas características invariables y otras que muestran cierta variación entre individuos, grupos y culturas.

La Percepción

Las emociones, a través del cerebro, generan respuestas que actúan a favor o en contra del ser humano, ya que son el resultado de nuestra percepción. Por ellos es esencial saber que son valiosas herramientas que, entre otras funciones, nos ayudan para ponernos a salvo en situaciones límite, pero que nosotros mismos las podemos convertir en pesadilla cuando el cerebro sigue dando las mismas respuestas sin motivo.

Hoy sabemos que no existen emociones negativas, y que sólo dos factores las convierten en potencialmente destructivas: el tiempo de permanencia y las cogniciones (sentimientos) que las acompañen. Desde esta óptica, el enojo puede servir para proteger un territorio que es amenazado; la tristeza puede ayudar a una introspección curativa; la culpa nos permite reconstruir nuestra moralidad, y el miedo sirve para protegernos de riesgos perjudiciales. Sin embargo, ciertas emociones pueden dañarnos cuando dejan de ser una expresión o una reacción, y se fijan como estado o condición y con poca o ninguna variabilidad, por ejemplo, pasar de la tristeza a un estado depresivo.

Los psicólogos de la emoción describen diversas emociones que podemos encontrar en el ser humano, sin embargo, se han identificado emociones primarias que son el origen de familias de emociones mucho más complejas y que implican procesos metacognitivos elevados como son la esperanza, los celos, la envidia, la culpa o el amor.

El sistema emocional básico

MATEA son las siglas que Myriam Muñoz propone para denominar un modelo de sistema emocional básico con el que contamos los seres humanos: Miedo, Amor, Tristeza, Enojo y Alegría. Estas emociones se consideran las principales y son primitivas en el sentido de que surgen como respuesta adaptativa a un mundo complejo y hostil, aunque las hemos desarrollado para sobrevivir exitosamente en contextos gregarios y en construcciones bastante elaboradas de relaciones interpersonales. El miedo, por ejemplo, nos pone un estado de alerta natural como cuando sobrevivíamos en las sabanas africanas y de los depredadores, y tiene su origen en el sistema límbico. Hablamos de una función de supervivencia básica que puede ser traspolada a otros contextos del mundo moderno. Lo mismo podemos decir del enojo, que busca en un inicio la autodefensa y el poner límites, o de la tristeza que promueve el diálogo interno, el autoconocimiento y la reflexión. Claro, todo extremo es malo: fobias en el caso del miedo, euforia (que implica un obnubilamiento emocional) en el de la alegría, ira en el del enojo, o codependencia en el del amor. Las emociones son, en realidad organizadores fundamentes de la vida, no sólo porque que intervienen en la evolución y la adaptación, sino también en la construcción de relaciones sociales exitosas (con todo lo que esto implica: éxito laboral, de pareja, familiar, etcétera). Esta evolución del ser humano en un ser altamente emocional (e inteligente emocionalmente) se debe a los diferentes procesos cognoscitivos (subjetivos) involucrados en el proceso emocional.

Síntomas de emociones

Existen diferentes síntomas físicos como respuesta a diferentes emociones. Algunos de ellos son:

  1. Palpitaciones o elevación de la frecuencia cardíaca
  2. Sudoración
  3. Temblores en las piernas
  4. Sensación de ahogo o falta de aliento
  5. Sensación de atragantamiento
  6. Opresión o malestar torácico
  7. Náuseas o molestias abdominales
  8. Inestabilidad, mareo o desmayo
  9. Desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (estar separado de unos mismo)
  10. Miedo a perder el control
  11. Sensación de mariposas en el estómago
  12. Sensación de entumecimiento
  13. Escalofríos
  14. Pupila dilatada
  15. Sensación de hormigueo en genitales
  16. Vellos de la piel erizados (piel de gallina)

Las emociones surgen de los estímulos, y se manifiestan en el cuerpo, éstas se conviertes en sentimientos que generan ideas sobre nosotros mismos, las cuales se verán reflejadas en el cuerpo mismo y en el entorno social. Estas ideas se manifiestan –a grandes rasgos- de dos maneras:

Las que construyen, potencializan y desarrollan.
Las que destruyen, reducen y obstaculizan.

En este último caso, la persona somatiza, es decir, transforma los problemas psíquicos en síntomas orgánicos de manera involuntaria. Por todo lo anterior, es innegable que emoción, sentimiento y consciencia, inconsciencia, bienestar, y enfermedad van de la mano, y transforman nuestra realidad. De ahí la inevitable pregunta:

¿Sabes manejarlos, o te manejan ellos a ti?