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El Puente

Cecilia Renero
(09 Febrero 15) (Original Prometeo No. 49)

Existe en un lugar muy cerca de donde vivo un puente, muy antiguo. Dicen que hay otros, sin embargo, creo que éste es el más transitado de la historia, creo que es el puente más viejo que ha existido; es único por su forma, y por su longitud. Nunca envejece, no necesita reparaciones, simplemente ahí está, ningún otro puente de su tipo se le compara. Éste es diferente.

Algunas, veces nos hemos detenido a verlo de lejos; observando a la gente conocida y desconocida que va hacia él. Los vemos pasar junto a nosotros algunos sonríen, otros van tristes, otros no saben a dónde van, algunos van solos, otros van acompañados por alguien que los encamina, como si estuvieran en una visita guiada; cada quien lo transita de manera diferente.

Pero nosotros nos alejamos, seguimos con nuestras actividades, con nuestra vida, y nos decimos a nosotros mismos, aún no es tiempo de cruzar.

Algunos sabios dicen que transitar este puente es toda una experiencia y qué como no se sabe realmente que hay del otro lado, es necesario estar preparados para transitarlo; otros dicen que no hay de qué preocuparse, que de cualquier manera lo visitaremos y que es mejor disfrutar del paseo.

Pero todos coinciden en que mientras menos equipaje llevemos será mucho mejor, dicen que el peso de tantas cosas que uno lleva cargando duele; ese peso no nos sirve de nada, entonces, es importante soltar, según dicen que al principio del puente, en la entrada, hay una pila de cosas en el piso, todas diferentes que a nadie le sirven, ni siquiera al que las cargaba. En consecuencia, es mucho el dolor que se genera, y mucho el tiempo que se pierde en intentar soltar y desprenderse de tantas cosas, de tanta carga…

Los que saben, los sabios, también dicen que la clave para transitar exitosos por tan importante experiencia es ir ligeritos de carga para evitar algo del dolor que se produce por el peso que, de cualquier manera, llevamos cargando (mucho o poco), que sólo se puede llevar aquello que no pesa, aquello que resulta ser liviano, sencillo y que no cuesta trabajo dejar atrás, como el conocimiento de uno mismo y del propio camino para llegar a cada puente.

También dicen que no todos podemos acompañar el tránsito hacia el camino de cada puente, que las personas con ciertas habilidades que guían o que encaminan se han preparado con anterioridad a través del conocimiento y la experiencia. Dicen que no es fácil, que es necesario trabajar cada uno con sus procesos; les dicen sanadores, y son personas que maduran día a día, que han aprendido a escuchar, que han desarrollado la capacidad de empatizar con las experiencias de otros, y todos hacen un intento por ayudar a otros para que cada quien se desprenda de sus cargas. Ojalá yo tenga la suerte de toparme con alguno de ellos para aligerar mi propia carga.

El puente del que les hablo es muy concurrido, y me cuentan que cada quien tiene uno cerca. Me han dicho que todos lo transitaremos de alguna manera o de otra, y que lo haremos sólo una vez en nuestra vidas, porque visitarlo se parece a un viaje que hace uno de repente, enla mayoría de los casos sin tiempo para planear.

La muerte de alguien o de algo es como un puente… siempre cerca… a la expectativa y fuera de tiempo, en todos los casos.

Como en todos los procesos del ser humano, a la espera de quien acepte la invitación a la alegría y al miedo.

La manera de transitar ese puente está en el conocimiento de uno mismo, y de la aceptación al cambio.

La tarea del nuevo sanador es la de engrandecer esas capacidades emotivas y espirituales que lo distinguen, de ser reflejo de otros a través del conocimiento y del constante aprender del que se sienta enfrente sin dejar su energía vital, ni su esencia, en el camino.