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Desarrollo, Educación y cambio

Ana María González
Revista Prometeo No. 0 1991

El tema educación y cambio es siempre de actualidad debido principalmente a que el cambio es una característica inherente al ser humano. El desarrollo de la persona humana consiste en una continua transformación que tiende de manera natural a la realización del potencial propio de cada una de las dimensiones que conforman su naturaleza.

Hoy ante el umbral del siglo XXI, se observa un resurgimiento del interés por comprender el complejo fenómeno humano a partir de una concepción integradora y global que trascienda las fronteras entre diversas creencias, verdades parciales, conceptos y teorías de disciplinas y corrientes –que al aferrarse a paradigmas limitados con el objeto de explicar y definir la naturaleza de el ser del hombre y de la mujer- no hacen sino reducir lo que es irreductible, separar lo que es inseparable, polarizar lo que constituye una unidad.

El Desarrollo Humano, como modelo educativo, consiste en un proceso ascendente y constante de transformación que cuando no es obstaculizado o distorsionado, tiende de manera natural a trascender las dicotomías o polaridades del individualismo egocéntrico, impulsando a la persona, en un proceso autoactualizante, a ir más allá de todas las fronteras que impiden el despertar a la conciencia de unidad o conciencia nodual de la que el hombre forma parte desde su origen.

Sin duda, el instrumento más utilizado por nuestra sociedad para promover el cambio y el desarrollo es la educación. Categóricamente todo modelo educativo parte de una concepción de la naturaleza humana, misma que responde a un contexto histórico social específico del nivel de evolución de la humanidad.

Con el enfoque transpersonal –que se deriva de la cuarta fuerza de la psicología contemporánea- el pensamiento humanista-existencia (Rogers, Maslow, Frankl y Rollo May, entre otros) se amplía y complementa, gracias a su apertura a las tradiciones espirituales o psicológicas transpersonales de oriente, así como a los recientes descubrimientos de la física cuántica, del misticismo cristiano del medioevo y del pensamiento revolucionario que sobre el misterio del ser y de la existencia plantea Teilhard de Chardin.

El enfoque humanista-transpersonal retoma e integra los puntos convergentes de las diversas disciplinas y corrientes que estudian al hombre, abriendo con ello caminos alternativos a nuevas elaboraciones psicológicas, filosóficas, científicas y espirituales que permiten una visión y una conciencia más amplia, integradora y justa de esta obra de arte original llamada persona humana.

Desde esta óptica –que responde con mayor fidelidad a la etapa evolutiva en que se encuentra la humanidad en este aquí y ahora de su historia- la educación se contempla como un medio a través del cual se facilita y promueve la realización integral del infinito potencial humano.

El movimiento de Desarrollo Humano-Transpersonal plantea que el proceso de desarrollo, autorrealización y trascendencia, consiste en la actualización de las potencias y valores de cada una de las dimensiones que constituyen la humanidad del hombre y que son: la biológico-corporal, la psicológica (que incluye el mundo racional-mental y el mundo interno, afectivo-emocional), la social la transpersonal y la unitaria o cósmica.

La persona humana tiende en forma natural a realizar el propio de cada una de estas dimensiones es decir, a lo largo de su proceso de desarrollo el organismo, en su innata sabiduría, se encamina hacia la actualización de los dinamismos humanos fundamentales, que le conducen a llegar a ser lo que es en esencia. Así contemplado, este proceso conduce al propio conocimiento y con éste al descubrimiento de un sentido incalculable de la existencia, debido a que la persona (gracias a su paso por la tierra) puede llegar a ser consciente de su esencia. Venimos del ser al que no conocemos y la vida nos da la oportunidad de llegar al ser con conciencia, por medio del acto libre de la voluntad, (intencionalidad) y el amor.

Ahora bien, la praxis educativa que pretende fomentar –a través de un proceso social- la actuación por la que el hombre, como agente de su propio desarrollo, tiende a lograr la más cabal realización de sus potencialidades humanas; ha de constituirse en un espacio abierto que incida en esa corriente vital de crecimiento de tal manera que los valores y los conocimientos que promueve y transmite, se integren en un proceso básico por el que el ser humano se hace a sí mismo. (UIA, 195).

En el aquí y ahora de nuestra sociedad, ante el umbral del siglo XXI, se nos presenta el reto de hacer un alto en el camino con el fin de llevar a cabo una profunda reflexión, seria y comprometida, en relación al ser y al quehacer de la educación en México, con objeto de que nos preparemos a responder a las necesidades, inquietudes y problemáticas de nuestro tiempo.

El proceso educativo que el Desarrollo Humano- Transpersonal plantea, propone una didáctica-entendida como el arte de enseñar- que contiene funciones, métodos, técnicas y recursos de enseñanza-aprendizaje que promuevan la autorrealización de los dinamismos humanos fundamentales y la trascendencia de la polaridades y dicotomías.

Este enfoque sostiene que cuando por enseñanza se entiende el acto de instruir, adoctrinar y aun domesticar a los educandos, la didáctica deja de ser un arte para convertirse en un instrumento rígido de control y de represión.

Por lo tanto, el proceso de enseñanza-aprendizaje que se propone, promueve el germinar del potencial oculto y latente en cada una de las dimensiones humanas, favoreciendo una praxis educativa en la que se incluye la participación activa del estudiante. La apertura al cambio, al diálogo y al encuentro –en una relación interpersonal comprometida y respetuosa- crea un ambiente cálido, comunitario, pluralista y promotor de la libertad, de la responsabilidad, de la creatividad, de la espontaneidad, de la originalidad de la comunicación, del juicio crítico, de la expresión del ser y del aprendizaje significativo. El proceso incluye en su misión formativa, tanto contenidos teórico-conceptuales como habilidades técnicas; siempre conjugadas con la experiencia; las inquietudes, intereses y valores de la comunidad de aprendizaje que el maestro coordina, teniendo como fin el desarrollo integral armónico y pleno de significados. De esta manera, invita, estimula, provee de recursos y acompaña al educando en su camino para disolver y trascender fronteras, polaridades y demarcaciones; promoviendo así el despertar del ser que somos en esencia.

Educar es un arte, si por educación se entiende “sacar de dentro” (Ed-ducere), es decir atender y promover la plena realización de los dinamismos humanos fundamentales. Para realizarlo es indispensable la creación de un ambiente en el que se experimenten: la apertura, el respeto, la libertad, la aceptación positiva e incondicional, la comprensión empática, la congruencia, la flexibilidad, la justicia, las actitudes de servicio y compromiso, así como una búsqueda constante de caminos que enriquezcan el ser y el quehacer humano.

El conocer y comprender la profundidad infinita del mundo interno del hombre, hace posible y vigente una educación que respete los derechos humanos como los valores que se derivan del ser esencial. Para ello, es necesaria la apertura a los avances de la ciencia y de la tecnología y a los nuevos caminos que día a día se abren ante nuestros ojos.

El diálogo sustancial, la humanización del hombre y de la sociedad como un todo, libera a los seres individuales conduciéndolos a trascender las fronteras y estratos que los dividen, para que en comunidad se emprenda una praxis educativa humanizante que conduzca a la no dualidad, a la unidad.