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Confiar o no confiar

Dr. Juan Lafarga Corona
(23 Marzo 2015) (Original Prometeo No. 47)

Si algo distingue al líder contemporáneo, en la opinión de los científicos, es la capacidad para rodearse de colaboradores aptos en quienes delegar la mayor parte de sus funciones. Pocos piensan ya que el líder contemporáneo es una especie de superhombre capaz de asumir todas las responsabilidades del grupo y conducir a todos con pertinencia y eficacia. La imagen que prevalece es la de un inspirador que sabe confiar y delegar, abierto a recibir asesoría y consejo, consciente de sus propias limitaciones y respetuoso de las competencias de los demás. Fácilmente respeta y apoya el liderazgo de quienes, en diversas áreas, tienen mayores conocimientos y experiencia entre sus colaboradores.

Desafortunadamente, en México todavía se sigue pensando en el presidente de la República y, en general en las autoridades, como líderes carismáticos, capaces de resolver todos los problemas y sacar sus empresas adelante por su propio talento y energía, sin sentirse corresponsables con ellos en el éxito o en el fracaso. Más aún todos sienten el derecho a enojarse por las fallas o los errores de juicio o las decisiones incorrectas. Rara vez alguien se siente también responsable o, en último término, cómplice.

Por otra parte, como cuesta trabajo participar en equipo y sumarnos a las iniciativas de otros, nuestros grupos de trabajo parecen más bien un conjunto de unidades actuando individualmente por conseguir las metas del grupo, que un ensamble integrado de personas, relacionadas todas por la tarea de conseguir los objetivos de todos.

Es muy común, cuando se trata de describir el estilo de colaboración de los mexicanos, referirse a la parábola de los pescadores de jaibas. El pescador norteamericano se admiraba de que el mexicano no pusiera cubierta al cubo en que almacenaba las jaibas. El mexicano explicó: tú pones a tu cubeta tapadera, porque las jaibas estadounidenses se ayudan unas a otras a salir y muy pronto te quedarías sin nada. Las jaibas mexicanas no necesitan tapadera, porque en cuanto alguna está a punto de salir todas las demás se encargan de impedírselo.

Para la colaboración en grupo se necesita una fuerte dosis de confianza en los demás y de una paralela confianza en uno mismo. Muchos psicólogos coinciden en que la confianza en uno mismo y en los demás correlaciona positivamente en la mayor parte de las personas. Mientras más creo y confió en mi propia capacidad, más puedo creer y confiar en la capacidad y los talentos de los demás.

La raíz de los fundamentalismos, llámense religiosos, políticos o ideológicos, tienen como origen la inseguridad, es decir el miedo a perder en la competencia con otros y en la consecuente tendencia a descalificar a los demás como estrategia necesaria para proteger las debilidades propias, pomposamente llamadas convicciones.

En México transitamos dolorosamente hacia la democracia, entendida no únicamente como la participación en las urnas, sino como compromiso de colaboración para alcanzar el bien de todos. Lo demuestran las últimas elecciones, con la excepcional participación de un alto porcentaje de mexicanos y el creciente involucramiento de individuos y de grupos en las problemáticas regionales o nacionales.

Esto se debe, tal vez, porque como país, confiamos más en nosotros mismos y poco a poco nos damos cuenta con menos extrañeza de nuestros éxitos, y como grupos diversos que integramos una nación que es de todos.

La tolerancia de muestra ser el requisito primario para mantener la convivencia armónica en nuestro mundo. Y el diálogo entre los diferentes, ya sea en género, en religión, o en convicciones ideológicas, como requisito imprescindible para la negociación equitativa en una dinámica en la que todos ganen.

Participación, diálogo, negociación, integración de los diferentes, demuestran ser las claves de la sobrevivencia y del desarrollo en el mundo. Todas emanan del interés social que, durante el proceso de maduración, es uno de los signos reconocidos de mayor avance en el proceso de crecimiento personal. Mientras más genuino más amplio y más aterrizado se manifieste este interés, primero que nada, es una muestra de salud y de bienestar. Es también, principalmente, un elemento estimulador y orientador en na sociedad. Las minorías socialmente comprometidas en las naciones del mundo son las que movilizan los procesos de crecimiento y cristalizan las aspiraciones y los sueños de todos.

México necesita, más que nada en estos momentos, no sólo en la política, en la religión y en las universidades, sino también en las empresas, personas saludables y genuinas, socialmente comprometidas con los más vulnerables, dispuestas a participar realista y constructivamente con su grano de arena en la edificación de un país más equitativo para todos.